domingo, 29 de septiembre de 2013

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (VIII). 1436, el séptimo asedio



Perdida Gibraltar ante los benimerines en el sitio de 1333, y tras vanos intentos de reconquista castellana por parte de Alfonso XI el mismo año de 1333 y en 1342, hubo otro intento de reconquista en el año 1436. A pesar de la brevedad de la campaña y sus trágicas consecuencias, puede considerarse uno de los grandes asedios, el octavo, que sufrió la plaza. 

Este intento tuvo como promotor al segundo conde de Niebla, Enrique Pérez de Guzmán y Castilla, quien después de recibir informaciones sobre las escasas tropas defensoras de Gibraltar, se decidió a recuperar tan emblemática plaza, y tras reunir el apoyo de nobles y caballeros, reunió en Sanlucar de Barrameda un ejército (unos 5.000 hombres entre infantería y caballería, según las fuentes) apoyados por una formación naval. 

La expedición tuvo lugar a comienzos de septiembre de 1436. Mientras Enrique Pérez de Guzmán, al mando de los navíos, se disponía a hostigar Gibraltar, su hijo Juan se dispuso a asediar por tierra al mando de las fuerzas terrestres.

Escudo de la Casa de Medina Sidonia,
en la calle  Palacio, Huelva.
El conde desembarcó en la estrecha playa para iniciar la lucha e intentar el asalto, apoyados por un intenso borbandeo naval. De acuerdo al plan establecido, su hijo atacaba con sus fuerzas  por el norte ocupando el itsmo y bloqueando el acceso a la Puerta de Tierra.

Pero los defensores, oponiendo una feroz resistencia, resistieron y hostigaron a los sitiadores cristianos, hasta que subió la marea y los atacantes, no habiendo previsto tal contingencia, quedaron aislados y expuestos al fuego enemigo. No quedando más opción que el repliege hacia sus naves, se inició una caótica retirada de funestas consecuencias. Don Enrique subió a una barca, pero intentando auxiliar a sus tropas la lancha terminó naufragando, y los caballeros arrastrados al fondo de las aguas por el lastre de sus armaduras, ahogándose el conde y otros cuarenta o cincuenta hombres, según las fuentes.


Don Juan de Guzmán, al tener noticia de la desgracia, tras un vano intento de rescate, alzó inmediatamente el cerco por tierra y se dirigió a Sevilla, desde donde dio cuenta de las malas nuevas al Rey (Juan II de Castilla), que se encontraba en Toledo.


Tan breve como trágico resulto el octavo, que no último, asedio a Gibraltar.

Fuente: 




viernes, 27 de septiembre de 2013

Zafarrancho Podscast, imprencindible

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martes, 24 de septiembre de 2013

La mayor derrota autoinfligida de la Historia Militar, por Hugo Cañete (Grupo de Estudios de Historia Miltar)

Nos aproximamos al 225 aniversario de la Batalla de Karansebes, la mayor derrota autoinfligida por un ejército a sí mismo de la Historia.
Ocurrió durante la guerra Ruso-Turca de 1787-1792, donde el ejército austriaco, compuesto de 100.000 hombres, se enzarzó contra sí mismo en un enfrentamiento en el que se produjo 10.000 muertos y heridos. Esta es su historia.

sábado, 21 de septiembre de 2013

La bomba nuclear que pudo cambiar la historia. By BBC Mundo.

Una bomba atómica estuvo a punto de detonar en Carolina del Norte en 1961, tres días después de la asunción de John F. Kennedy, según confirman documentos estadounidenses desclasificados.

Todo comenzó cuando el avión B-52, que trasladaba dos bombas atómicas, sufrió un accidente el 23 de enero de ese año y dejó caer los artefactos explosivos de cuatro megatones, comenzando así el proceso de detonación.

Los documentos fueron dados a conocer por el periódico británico The Guardian.

Aunque el gobierno de Estados Unidos ha reconocido anteriormente que se produjo ese accidente, nunca hizo público lo cerca que el artefacto estuvo de ser detonado.

Los documentos fueron obtenidos por el periodista Eric Schlosser, quien dijo a la BBC que una explosión de esa naturaleza hubiese "literalmente cambiado el curso de la historia", ya que las bombas eran 260 veces más poderosas que las de Hiroshima y Nagasaki.

viernes, 20 de septiembre de 2013

6 curiosidades curiosas sobre los elefantes de guerra. By CASTRA IN LUSITANIA.

El elefante, como todo el mundo sabe, es un animalito enorme, sumamente fuerte y, llegado el caso, con bastante mala leche. En los tiempos antiguos, cuando en Europa no se sabía ni que existían esos paquidermos, el terror que inspiraban cuando los ejércitos los veían por vez primera debía ser similar al que sentiría un guerrero medieval a la vista de un carro de combate moderno. A los romanos se les encogió violentamente el ombligo cuando vieron ante sí los elefantes de guerra de los cartagineses, y hasta a los fieros macedonios que seguían a Alejandro hasta los confines del mundo sintieron como los testículos les trepaban velozmente a la garganta cuando los elefantes del rey Poro, allá en la India, les hicieron frente.

Porque, como cabe suponer, el elefante no le teme a nada, y sus trompazos eran suficiente para mandar a hacer puñetas a todo aquel que estuviera cerca de la peculiar nariz de estos bichos. Su eficacia debía ser notable ya que incluso los romanos organizaron unidades de elefantes de guerra, y si los romanos los adoptaron por algo sería.

Bueno, veamos algunas curiosidades curiosas sobre el aspecto bélico de estos bichos:

jueves, 19 de septiembre de 2013

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (VII). 1411, el sexto asedio


La toma de Gibraltar de 1411 fue una victoriosa reconquista nazarí de esta plaza, que se había rebelado contra su dominio y entregado a los benimerines. Fue tras el sexto de los grandes sitios sufridos por esta ciudad, el único protagonizado por dos potencias musulmanas.


Después de la muerte de Alfonso XI durante el quinto sitio, el relajo temporal de las ambiciones castellanas sobre Gibraltar dieron paso al afloramieno de las tensiones entre los nazarís de Granada y los benimerines de Fez, desencadenando una suerte de guerra civil entre ambas facciones. 

En 1374, los benimerines de Fez cedieron Gibraltar a los nazarís granadinos, al parecer a cambio de asistencia de éstos con las rebeliones en Marruecos. 

En 1410, los gibraltareños se amotinaron. Expulsando a la guarnición nazarí, decidieron
entregarse a los benimerines. El sultán Abu Said Uthman III envió a Gibraltar a su hermano y homónimo Abu Said con un poderoso ejército y el encargo de recuperar los antiguos territorios benimerines en España, a su juicio usurpados por los nazaríes. El príncipe meriní fue recibido con júbilo y, además del Campo de Gibraltar, recibió el homenaje de Manilva, Marbella, Casares (Málaga),  Benahavís y algunos pueblos de la Serranía de Ronda.

Al año siguiente, Granada lanzó una contraofensiva con el fin de reconquistar el territorio perdido. Yusuf III de Granada acordó una tregua con el infante Fernando de Castilla, tutor de Juan II de Castilla, que había conquistado Antequera, lo que le permitió volver todos sus recursos contra los benimerines, iniciando de inmediato las operaciones de cerco con el objetivo de rendir la plaza.

No obstante, los benimerines no lo pusieron fácil, y Abu Said, confiado en la fortaleza de su plaza, realizó numerosas salidas contra el invasor para romper el cerco. Ante sus constantes acometidas, y falto de suministros, el emir Yusuf se vio en serias dificultades para mantener el asedio.

Sin embargo, los defensores no estaban en mucho mejor situación en cuanto a los suministros, y también acusaban la carencia de estos. Estos no llegaban desde Marruecos, y los pocos navíos enviados, mal equipados, con escasas municiones y víveres, cayeron en manos de los granadinos.

Abandonados por el sultán benimerí, sin pertrechos para sostenerse, a pesar de su fuerte posición, Said decidió finalmente rendirse a los nazaríes, que recuperaron de esta manera el control de la plaza.

Abu Said fue encerrado en la Alhambra con todo lujo de comodidades. El astuto Yusef, ante las turbulencias políticas de los benimerines, consideró una inversión mantenerle vivo y bien atendido. Así, cuando el sultán Abu Said Uthman III fue asesinado en 1420, Abu Said fue puesto en libertad y enviado al Norte de África, donde rindió grandes servicios a los granadinos, aunque no lograra ocupar el trono de su hermano.

Fuentes:



domingo, 15 de septiembre de 2013

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (VI). 1349, el quinto Asedio


Como vimos anteriormente, Alfonso XI había intentado retomar Gibraltar en el cuarto Asedio de 1333, inmediatamente después de que la ciudad fortificada hubiese sido capturado por los moros en el tercer cerco , pero se vio obligado a retirarse después de dos meses de asedio. La paz se restableció temporalmente a través de una tregua de cuatro años que expiró en 1338.

Después de la reanudación del conflicto en 1339, los moriscos sufrieron grandes reveses, siendo particularmente notable el de la Batalla del Salado de 1340, así que en este contexto, y después de la reconquista de Algeciras tras 19 meses de asedio, Alfonso XI decidió sitiar Gibraltar en el verano de 1349, que era ya un enclave morisco aislado en el territorio castellano. 

Sin embargo, Alfonso XI en esta ocasión estaba decidido a planificar cuidadosamente la operación, realizando preparativos exhaustivos para garantizar que no iba a hacer frente a los problemas que habían condenado a su intento de 1333.

Gibraltar en absoluto era un blanco fácil, ya que la ciudad había sido fortificada
sustancialmente con nuevos muros, torres y una ciudadela muy fortalecida, el Castillo de los Moros . Muchas de las deficiencias que habían sido expuestos en los asedios de 1333, tales como la falta de fortificaciones en el sur de Gibraltar, habían sido subsanados.

En otro orden de cosas, era también un momento de crisis económica que afectaba al rey Castellano, y la financiación de la campaña se obtuvo fundamentalmente mediante el establecimiento de tres gravámenes extraordinarios, la obtención de rentas eclesiásticas concedidas por el Papa (que había apoyado las campañas de Alfonso como cruzadas ), la venta de tierras reales (llegó a vender en enero de 1350 a D. Álvar Pérez de Guzmán los lugares de Villa Alba y Palma) y con las joyas de la corona. También estableció un férreo control sobre muchos de los grandes nobles que acompañaban a la expedición.

Así pues, tras cuidadosos preparativos, Alfonso XI inició su expedición en agosto de 1349. Estableció su base en el área de La Línea de la Concepción , al norte de Gibraltar, con un ejército de unos 20.000 hombres. Era el quinto sitio que se ponía a Gibraltar.

Los castellanos no hicieron ningún intento de asaltar la plaza, pero se establecieron para un largo asedio, cavando zanjas defensivas a través del istmo para bloquear los intentos árabes por romper el cerco castellano. El campamento era más una ciudad que un campamento temporal, incluso con un cuartel construido para el ejército. El real cristiano estaba establecido con la presencia de grandes nobles castellanos, aragoneses y extranjeros que con sus tropas daban un ambiente cortesano al campamento militar. Alfonso hasta trajo a lo largo de la campaña a la mayor parte de su familia. El asedio fue apoyado por una suerte de cañón primitivo en lo que sería el primer uso de armas de fuego contra las fortificaciones de Gibraltar. 

A principios de 1350 llegó al real la mortal peste. Los nobles, ricos hombres y la propia esposa del monarca, le pidieron al rey levantar el sitio por su propia seguridad. Alfonso XI, ya enfermo, se negó a abandonar los arenales sin haber conquistado la plaza (Según los cronistas, sacó su espada y declaró que no se iría hasta que Gibraltar estuviera bajo dominio cristiano de nuevo).

De este modo Alfonso XI murió en los arenales en marzo de 1350. Su muerte significó el fin inmediato del asedio, y allí se pudo presenciar la más espectacular corte fúnebre de toda la historia del istmo. Los musulmanes detuvieron cualquier conducta que pudiera molestar el duelo de los cristianos, incluso salieron del interior de la plaza dejando a los castellanos retirarse en paz y honraron el cuerpo del monarca acompañándolo a distancia prudente por el camino de Algeciras, rumbo a Jerez, Sevilla y finalmente Córdoba, donde hoy yace junto a su padre.

Fuentes:


sábado, 14 de septiembre de 2013

Vídeo. La reconquista.

Os dejo un vídeo cortito y muy ilustrativo sobre la reconquista española, que ayudará a comprender mejor el contexto de Gibraltar durante los siglo XIV y XV.
Espero que os guste.



viernes, 13 de septiembre de 2013

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (V): 1333, el cuarto asedio



El primer desplazamiento de tropas que hizo Alfonso XI desde Sevilla a las cercanías del Estrecho tenía como objetivo liberar al castillo de Gibraltar del cerco al que lo estaba sometiendo el infante Abu-Malik desde el mes de febrero de 1333. Tal y como vimos anteriormente, esta operación de asedio había sido la respuesta del sultán benimerí Abu l-Hasan a la petición de ayuda que le hizo el granadino Mohamed IV en septiembre de 1332, fecha en la que concretaron el envío de un ejército compuesto por unos efectivos que oscilaban entre los cinco y siete mil hombres. 

A primeros de mayo emprendió camino desde Valladolid  y llegó a la capital del Guadalquivir el día ocho de junio de 1333.  Algunos nobles se había unido al Rey en su camino hacia Sevilla, pero el grueso de las fuerzas de las órdenes militares y de los concejos de la Frontera le esperaban en esta ciudad, y allí permaneció ocho días solucionando problemas de índole militar relacionados todos ellos con la operación que estaba decidido a llevar a cabo. Entre otras cosas sabemos que escribió al concejo de Murcia informándoles que salía de Sevilla “para decercar el nuestro castiello de Gibraltar miercoles XVI dias de junio” y mandándoles que iniciaran una incursión por tierras del reino de Granada no más tarde del día de san Juan “fasta trese dias” porque preveía que el rey granadino se reuniría con el infante Abu-Malik en Gibraltar sobre esa fecha.

La profundidad de la penetración en terreno musulmán y la seguridad de que el rey de Granada ayudaría a los benimerines, como luego ocurrió, aumentaba el grado de peligrosidad de la operación militar a los ojos de los consejeros de don Alfonso, motivo por el cual existían algunas reticencias entre los mismos para iniciar la incursión. No obstante, todo apunta a que el día dieciséis de junio Alfonso XI abandonó el Campo de Tablada hacia Gibraltar

Acampados en las proximidades de Jerez, el almirante Jofré Tenorio hacía saber al monarca que el castillo de Gibraltar estaba ya en manos del infante Abu-Malik, así que el ejército inició la marcha el día veintitrés de junio adoptando desde el momento de su salida el clásico orden de marcha –vanguardia y retaguardia protegiendo el grueso del ejército, al tiempo que éste era flanqueado por las correspondientes “costaneras”.

Al cuarto día de marcha desde su salida de Jerez el rey de Castilla había conseguido cortar por tierra el aprovisionamiento del castillo de Gibraltar, una de las razones que le habían impelido a salir lo más rápido posible del campamento junto al Guadalete. Por mar los musulmanes no podían aprovisionarse en Gibraltar porque lo impedía la flota cristiana presente en la Bahía.  Por tanto, el día veintiséis de junio mucho antes del atardecer el ejército castellano dominaba la “Pasada de Jimena” y las otras situadas aguas arriba en el cauce del río Guadarranque sin que los musulmanes de Algeciras hubieran hecho acto de presencia.

Sin embargo, a primeras horas de la mañana siguiente, cuando el ejército castellano se preparaba para iniciar el vadeo, los musulmanes de Algeciras se presentaron por el lado del Palmones permaneciendo a la expectativa mientras los cristianos continuaron con la peligrosa maniobra. No se produce ningún enfrentamiento entre los miembros de ambos ejércitos hasta después que los cristianos cruzaron el Guadarranque, momento en el que los más decididos musulmanes se atrevieron a hostigar a la retaguardia cristiana hasta el punto que un freire de la Orden de Calatrava, Gonzalo de Mesa, salió a rechazarlos. Pero las órdenes de don Alfonso eran que nadie abandonara la formación, así que el ejército continuó imperturbable su marcha hacia Gibraltar. 

Intuyendo el rey de Castilla que cuando la retaguardia cristiana abandonara las lomas que bajan de Sierra Carbonera los musulmanes podían lanzar un ataque aprovechando la ventaja que le ofrecía el terreno, envió refuerzos a la retaguardia y les ordenó que respondieran al ataque al tiempo que dispuso una maniobra envolvente con parte de la gente que constituía el flanco izquierdo de la hueste de la Orden de Calatrava y del Obispado de Jaén, para coger a los musulmanes por la espalda. 

Los movimientos se ejecutaron tal y como se habían previsto y cuando los hombres de Abu-
Malik abandonaron las lomas y se lanzaron contra la retaguardia cristiana se encontraron con una seria resistencia de ésta y, lo que fue peor, con una fracción de las fuerzas castellanas cortándole la retirada de manera que los de Algeciras se vieron cogidos entre dos frentes sufriendo cuantiosas pérdidas. 

Los hombres de don Alfonso, envalentonados por el resultado del encuentro, persiguieron a los musulmanes en su retirada hasta el Palmones a pesar de que el Rey les había ordenado que no pasaran del Guadarranque. En un momento la situación parecía írsele de las manos al rey de Castilla porque los de la vanguardia asentaban ya el campamento frente a Gibraltar cuando se vio obligado a retirar efectivos de este último lugar para enviarlos como refuerzos a los que luchaban junto al Palmones, lugar donde habían sido frenados por los de Algeciras y donde se hizo necesaria la intervención de los ballesteros de la flota para que la persecución no terminara en desastre.

El asedio propiamente dicho por parte de las tropas castellanas se inició al día siguiente, enviándose algunos hombres por mar para atacar la villa de Gibraltar por su flanco sur. Al cuarto día de estar frente a los muros del castillo gibraltareño, y agotadas ya las “talegas” recogidas en Jerez sin que llegaran las naves con viandas procedentes de Tarifa, fue cuando se tomó la decisión de levantar las tiendas al día siguiente y volver sobre sus pasos sin recuperar a los hombres que combatían el flanco meridional de la villa. Esta dramática situación fue motivo de un consejo cuando se habían alejado ya una legua de Gibraltar, y estando debatiendo la lamentosa situación se dio la circunstancia de que vieron aparecer las velas de las naves cristianas que “venian de contra Tarifa” por la embocadura oriental del Estrecho. Se retomó así la ofensiva sobre Gibraltar, pero las dificultades no tardaron en aparecer de nuevo; primero en forma de temporal con vientos soplando de levante hasta ocasionar la falta de provisiones otra vez entre los sitiadores. Más tarde, con la llegada del ejército granadino a las proximidades de Sierra Carbonera. Así las cosas, el Rey ordenó hacer un foso que cruzaba el istmo de costa a costa y tras él permanecieron atrincherados hasta que se llegó a un acuerdo para poner fin a las hostilidades. 

Así pues, de esta pacífica manera, después del trajín de idas y venidas, y casi dos meses frente a Gibraltar, salió el rey de Castilla con su hueste de los arenales del istmo frente al Peñón camino de Sevilla a la espera de mejor ocasión.

Fuentes:

jueves, 12 de septiembre de 2013

1631. Batalla naval de Pernambuco

En 1631 se reunió en Lisboa una escuadra bajo el mando de Antonio de Oquendo y Zandategui (San Sebastiánoctubre de 1577 - La Coruña7 de junio de 1640), marino y militar español, y a lasazón almirante general de la Armada del Mar Océano, para socorrer las costas del Brasil contra los ataques de los holandeses, especialmente las plazas de Pernambuco y de Todos los Santos. 

Componían la escuadra 16 naos; 5 de ellas no llegaban a las trescientas toneladas y a reunir cuarenta hombres de guarnición; otras 5 no llevaban más que la mitad de la infantería que les correspondía y quedaban 6 que eran mejores, pero también faltas de elementos y de dotación. Arbolaba Oquendo su insignia en el galeón Santiago. Salió de Lisboa el 5 de mayo de 1631 convoyando una flota de buques mercantes portugueses y de 12 carabelas, que llevaban 3.000 hombres de transporte para reforzar las guarniciones de las plazas brasileñas. 

Al cabo de 68 días de navegación, llegaron a la Bahía de Todos Los Santos, reforzando su guarnición y siguiendo viaje a Pernambuco con 20 naos mercantes que se agregaron al convoy. El 12 de septiembre avistaron la flota holandesa, bajo el mando del almirante Adriaan Hans Pater, que venía de saquear la isla de Santa María. 

El almirante holandés tuvo el gallardo pero presuntuoso gesto de ordenar que sólo atacasen a los españoles 16 de sus buques; el mismo número que los que sumaban los de Oquendo. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la capitana y la almiranta holandesas eran buques de 900 y 1.000 toneladas, con cincuenta cañones de calibre entre 48 y 12, y, en cambio, los españoles no pasaban de las 300 toneladas e iban armados con cañones de a 22 a 8. Antes de trabarse el combate pasó cerca de la capitana de Oquendo la carabela en que iba el conde de Bayolo, jefe de la infantería, y al estar a la voz propuso a Oquendo reforzar los buques con sus soldados. 

Oquendo con tono humorístico, señalando las velas enemigas le dijo: "¡Son poca ropa!" Después negó el paso de los soldados, razonando que la orden era llevarlos a Pernambuco para refuerzo y que no quería, "por si ocurría cualquier accidente que impidiera volverlos a las carabelas". El conde recibió orden de unirse al convoy y acercarse con él hacia la costa. Así se entabló un duro combate a 18º de latitud sur y a unas 240 millas de los Abrojos, a las 8 de la mañana del 12 de septiembre de 1631. 

La escuadra holandesa avanzó a todo trapo, desplegada en arco. Entonces, Oquendo consiguió aferrarse con hábil maniobra a la capitana enemiga por barlovento, de tal modo que los fuegos y humos fuesen hacia el holandés. Hans Pater trató de desasirse, mas no pudo, pues el capitán Juan Castillo saltó al buque holandés y a parte de los garfios, lo aseguró con un calabrote que amarró a su palo. Pronto le quitaron la vida, y lo mismo a sus soldados, pero el fuego que se hizo desde las cofas del Santiago impidió a los holandeses desamarrarlo. Otro galeón holandés se colocó pronto por la banda libre del Santiago, pero también acudieron los españoles en auxilio de su general. 

 El combate aún estaba indeciso a las 16:00. Al fin, un taco encendido disparado por un cañón del Santiago prendió fuego a la capitana holandesa. La almiranta de su segundo, el aventurero raguseo Jerónimo Masibradi, acudió y dio remolque al Santiago, apartándole de la explosión del buque holandés. Hans Pater encontró la muerte en el agua, a donde se había arrojado con gran número de los suyos. Oquendo se apoderó del estandarte de Holanda y puso en fuga al enemigo, quemando a éste tres mayores galeones y haciéndole 1.900 muertos; los españoles perdieron, por su parte, dos galeones, hundido uno de ellos, el San Antonio, la almiranta, y 585 muertos y 201 heridos. 

Tuvo la satisfacción Oquendo de saber que el galeón apresado por los holandeses, el Buenaventura, no pudo ser aprovechado, y que los españoles prisioneros se apoderaron de la carabela donde los llevaban y se fugaron. 

Cinco días después hubo nuevo avistamiento de las escuadras, pero el almirante Tir, que sucedió en el mando a Hans Pater, eludió el combate a pesar de su manifiesta superioridad numérica. 

Oquendo llevó las tropas de refuerzo a Pernambuco y regresó a la Península. El 21 de noviembre entró en Lisboa, siendo objeto de entusiastas manifestaciones. Guipúzcoa le envió un caluroso mensaje de felicitación.

Fuente:

miércoles, 11 de septiembre de 2013

11 DE SEPTIEMBRE DE 1714. El día que Barcelona se rindió al Rey Felipe V de Borbón, en ABC.es


El día que Barcelona se rindió al Rey Felipe V de BorbónLa capital catalana, que había proclamado como Rey de España a Carlos III, resistió un asedio de 13 meses pero, abandonada por la alianza austracista, al final sucumbió...Leer más en ABC.es


La partida de ajedrez de 1714, en El País.


Sitio-barcelona-11-septiembre-1714.jpgCada 11 de septiembre, Cataluña celebra una derrota: la caída de Barcelona en 1714 tras casi 14 meses de asedio ante las tropas franco-españolas de Felipe V, en un sitio iniciado el 25 de julio del año anterior. Lo que en algunos ámbitos desea reducirse a un enfrentamiento de los catalanes contra la monarquía borbónica española fue en realidad el epílogo de la que quizá fue la primera guerra mundial, la Guerra de Sucesión en España, que se extendió hasta América y que acabó dejando en Europa 1.251.000 muertos, de los cuales medio millón sólo franceses...Leer más en El País

martes, 10 de septiembre de 2013

De como Juan Vela de Bolea acabó con la horrible y monstruosa sierpe......

Juan Vela de Bolea (el capitán Bolea) fue una de los principales personajes de la historia de la villa de Uceda, a el se le atribuye un hecho dentro de la leyenda y tradición popular, fechado alrededor de 1590:

"Infestaba a esta tierra una horrible y monstruosa sierpe, no solo asustando con sus ruidosos silvos, sino también devorando, y siendo despojos de su voracidad quantos racionales e irracionales se la presentaban: a estos estragos pudo poner fin nuestro devotísimo e ínclito Capitán; pues prevenido de oraciones y súplicas fervorosas a su amantísima Imagen de la Varga, no obstante hallarse en edad muy avanzada, armado del inexpugnable escudo de su retrato, desafiando en campo raso a la serpiente horrible, invocando el dulce nombre de la Virgen, quedó la fiera por despojo del fuerte brazo de Bolea, y puesto término a tantos estragos: desentrañaron la monstruosa sierpe, que era del tamaño de un becerro anual, y colocaron en la Iglesia la cabeza, espinazo y alas, que tanto en el día acreditan su fiereza, como que solo con auxilio superior pudo quedar por trofeo del brazo humano."

Existen testimonios escritos de la existencia de restos de un esqueleto de un extraño animal colgados en la nueva Iglesia de Santa María, hasta principios del siglo XX.

Este milagro se encuentra representado en el bajorrelieve que se encuentra encima del portal principal de la iglesia de Nuestra Señora de la Varga, de la cual era gran devoto el capitán.

Lo que si forma parte de la historia real son las innumerables hazañas de este capitán en la campaña de Flandes, entre las cuales se cuenta cuando el capitán español, junto a otros integrantes de los tercios españoles, pasó a nado el río Elba durante la batalla de  Mühlberg para alcanzar las barcas guardadas por el enemigo y con ellas hacer un puente para que cruzase el ejército del emperador Carlos V, que realizaba campaña contra el duque Juan Federico, que con otros príncipes formaba la Liga Smakalda. En esa misma jornada  fue apresado el duque y aniquilado el enemigo.

Finalmente participó como representante del pueblo en el proceso de venta de la villa contra el conde de Uceda. Murió en 1592.

Fuente:

  • Lupe Sanz Bueno - Uceda, notas sobre su historia, arte y costumbres - Editorial AMURAVI 1990
  • http://www.a-uceda.com/a-historia.php#Bolea Leyenda

Academia de Guardiamarinas de Cartagena, en Blog Cátedra de Historia Naval

A comienzos del siglo XVIII, como resultado del interés que el rey Felipe V y sus ministros pusieron en unificar y potenciar la Marina, la construcción de barcos se empezó a multiplicar, y ello supuso que se creara la necesidad de aumentar el número de oficiales. La primera respuesta a la falta de personal cualificado apareció en Cádiz, con la creación de la Academia de Guardiamarinas en 1717. Ilustres alumnos salieron de ella, y contribuyeron a hacer realidad ese sueño hasta entonces inalcanzable: convertir a la Armada española en una de las primeras del mundo...Leer más en Blog Cátedra de Historia Naval

lunes, 9 de septiembre de 2013

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (IV): 1333, el tercer asedio



Aunque hubo intentos de organizar una amplia cruzada contra Granada en la que iban a participar Castilla, Aragón, Navarra y otros combatientes europeos, finalmente solo Castilla atacó Granada y le arrebató diversas fortalezas, entre ellas la de Teba en agosto de 1330, si bien los musulmanes opusieron gran resistencia y recuperaron el castillo de Pruna.



Ante el ataque cristiano, Muhammad IV (sexto rey nazarí de Granada) cruzó el mar el 17-IX-1332 para convocar al yihad a Abu l-Hasan, que envió a su hijo, el príncipe Abu Malik, al frente de cinco mil soldados (o siete mil, según las fuentes cristianas). Tras un asedio de cinco meses iniciado en febrero de 1333, meriníes y granadinos consiguieron recuperar Gibraltar el 20-VI-1333

Al mando de la plaza durante las hostilidades se encontraba el gobernador Vasco Pérez de Meyra. Parece ser que en la gestión que realizó durante años en aquella población, se dedicó a desviar dinero del reino de Castilla destinado al mantenimiento de las construcciones militares y su hueste para efectuar compras de tierras en la Campiña Jerezana, y a realizar negocio vendiendo víveres a las tropas moras incluso en fechas próximas al inicio del sitio.

No obstante, aunque las fuentes, siguiendo las crónicas, han tratado de cargar todas las tintas sobre la negativa actuación del alcaide gibraltareño en lo relativo a la gestión y la entrega de Gibraltar a los meriníes, no se deja de observar en el comportamiento de Alfonso XI cierta responsabilidad en esta pérdida. Muestra de ello es que nunca cejó en el empeño de recuperarla.

Así, según dicen las crónicas, Vasco Pérez de Meira, en cuanto se vio sitiado envió
información a Alfonso XI que entonces se encontraba cerca de Valladolid, pero el rey de Castilla no pudo tomar las medidas necesarias para ayudar eficazmente a los sitiados a causa de los problemas internos que por entonces se vivían en el reino a causa de las disensiones entre el monarca y algunos nobles. 

Fue pasando el tiempo y agravándose la situación para los del castillo del Peñón hasta el punto que el concejo de Sevilla llegó a pedirle al rey que no dejara abandonada la Frontera, de modo que a mediados de abril el monarca castellano tomó la firme decisión de socorrer con su ejército al castillo que había sido ganado en tiempos de su padre. 


Sin embargo, esta decisión llegó tarde, y cuando las tropas castellanas se encontraban en las inmediaciones de Jérez acudiendo en socorro de Gibraltar, recibieron la noticia de la rendición de la plaza. Efectivamente, tras quedar las tropas cristianas atrincheradas en la torre de la fortaleza, y a pesar de la tenaz resistencia al invasor, tras cuatro meses y medio de asedio, fue entregada la totalidad de la Plaza. Las tropas cristianas fueron liberadas y Vasco Pérez marchó a África, quizás temeroso del castigo del Rey por su mala gestión como gobernador y por haber entregado la Plaza al invasor.

Fuentes:


domingo, 8 de septiembre de 2013

El SMS Emden, por Santiago González en elmundo.es

El SMS Emden fue un crucero ligero de la marina alemana que operó durante la Primera Guerra Mundial. Destacado en Tsingtao, no formaba parte de la escuadra del almirante Graf Von Spee. Tenía 3.000 toneladas de desplazamiento, estaba armado con 10 cañones de 105 mm, más diversas ametralladoras. Podía alcanzar 24 nudos -velocidad bastante respetable- gracias a doce calderas de carbón, a las que daban salida tres chimeneas. Con 118 m de eslora, de gráciles líneas, con una dotación de 361 hombres, tenía un potente aparato de telegrafía sin hilos, que le servía para calcular fácilmente la posición de los barcos enemigos e interceptar sus comunicaciones. No era un barco de guerra temible, ni mucho menos, aunque sus hazañas superaron ampliamente su teórica capacidad intimidatoria, como luego veremos. Su comandante era Karl von Müller...leer más en El Mundo

viernes, 6 de septiembre de 2013

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (III). 1315, el segundo asedio



Entre los años 1315 y 1316, nuevamente los arenales del istmo se convirtieron en escenario de tensión bélica entre castellanos y granadinos.

El segundo cerco de Gibraltar, en el año 1315, fue un intento fallido de los moros Nazaríes del emirato de Granada para recuperar Gibraltar, que había caído a las fuerzas de Fernando IV de Castilla cuatro años antes, en 1309


En el año 1314, accedió al trono de Granada Ismail I tras destronar al sultán Nasr . El nuevo sultán declaró la yihad contra los gobernantes cristianos de la Península Ibérica en 1315 y se trasladó a establecer un cerco contra Gibraltar. A consecuencia de este hecho se disolvieron las treguas establecidas con el Reino de Castilla, y contando con las tropas propias y las de los moros Berberiscos, consiguió sitiar Gibraltar entre los años 1315 y 1316. 

Ese mismo año de 1315, las fuerzas castellanas bajo el mando del príncipe regente Pedro de Castilla, que ejercía su autoridad en nombre del infante rey Alfonso XI de Castilla, se encontraban guerreando contra las tropas marroquíes del mariní Utman b. Abi al Ulaos cerca de Granada, sin que ninguna de las partes obtuviera una victoria clara. Cuando poco después las noticias del asedio llegaron a Pedro en Córdoba, dejó su ejército donde estaba y se fue a Sevilla para organizar las fuerzas navales y terrestres para tratar de levantar el bloqueo nazarí. 

El sitio parece ser que acabó sin lucha cuando los nazaríes se retiraron a la vista de la entidad de las fuerzas castellanas que se acercaban, volviendo Pedro de Castilla con su ejército a Córdoba para continuar con el acoso de Granada.

Fuentes:



VICTORIAS NAVALES ESPAÑOLAS, por Alberto de Frutos, Historia de Iberia Vieja

Entre 1492 y 1898, España fue la dueña de los mares. Es cierto que, a lo largo de esos siglos, sufrió derrotas cruciales como la de Trafalgar, pero sus victorias (Lepanto, Cartagena de Indias…) no fueron menos trascendentes. ¿Cómo, si no, hubiera podido mantener un imperio transoceánico de tales dimensiones? En las siguientes páginas, recordamos algunas de las principales victorias de la Armada española a lo largo y ancho de todo el orbe. ¡Al abordaje! Por: Alberto de Frutos

La unión entre las Coronas de Castilla y Aragón dio el pistoletazo de salida a la creación de una poderosísima Armada, cuyo primer hito llegó con el descubrimiento de América (1492), que otorgó casi súbitamente a España la hegemonía en los mares. Fue el preludio de un imperio que alcanzaría su mayor apogeo durante los siglos XVI y XVII.

Una vez asegurado el control sobre el comercio con América, la Armada se planteó ir mucho más allá. España fue el primer país en circunnavegar el globo gracias a la expedición de Magallanes y Juan Sebastián Elcano (1519-1521), primer paso para establecer un comercio fluido entre América y las recientemente conquistadas Filipinas. Durante el reinado de Felipe II, Andrés de Urdaneta descubrió, además, una nueva ruta comercial entre ambas tierras.

La Armada fue pionera en la introducción de varias novedades en la tipología de los navíos. Los españoles utilizaron por vez primera las fragatas, unas embarcaciones más ligeras que los navíos de línea e ideales para la guerra naval y submarina. Las galeras como arma de guerra, tan célebres y temidas en las campañas italianas del Gran Capitán al servicio de Fernando el Católico, simbolizaron ese poderío. Durante el reinado de su sucesor, Carlos I, se potenciaron las naos, equipadas ya con cañones y con el castillo de proa y el alcázar a popa, a la vez que se asentaban los galeones, unas embarcaciones con casco redondeado y tres palos: el de mesana, el trinquete y el palo mayor.

Bajo el reinado de Carlos I, el hecho más destacado de la Armada en el Mediterráneo fue la toma de Túnez y de otras ciudades adyacentes, así como la expedición de Argel. En aguas atlánticas nuestros barcos desempeñaron un papel fundamental en la defensa contra los ataques de los piratas ingleses, que sirvieron para asegurar a la Corona la viabilidad del comercio con las ricas tierras americanas, sin que nadie cuestionara esa hegemonía.

A esta seguridad en los mares contribuyó, en gran medida, la ordenanza de 1543 por la que se establecían dos flotas anuales conocidas como flotas de Indias. Una de ellas era la de Nueva España, que partía de Sanlúcar de Barrameda con destino a las Antillas Mayores, y otra la de Tierra Firme, que se dirigía a las Pequeñas Antillas. Ambas tenían como objetivo transportar cargamentos desde América hasta la Península.

El advenimiento de los Borbones supuso la reorganización de la Armada, con la institución en 1714 de un órgano centralizador, la Secretaría de la Armada. El ministro José Patiño fue uno de los impulsores de esta reforma, fundando los astilleros de Cádiz y Ferrol, en los que se armaron decenas de barcos.

Sin duda, esa modernización resultó muy positiva para nuestra Armada, que infligió uno de sus mayores varapalos a la Royal Navy en el sitio de Cartagena de Indias.

Durante el siglo XVIII, La Habana se convirtió en el principal astillero, en el que se armaron nada menos que 197 barcos. Las convulsiones políticas que acecharon España durante los siglos XIX y la primera mitad del XX hicieron, sin embargo, que nuestra Armada quedara en un segundo plano, situación que hoy se está revirtiendo, puesto que en la actualidad es una de las más poderosas del mundo con unos 25.000 efectivos y 98 buques.

A principios del siglo XIX se produce un punto de inflexión en la hegemonía del poderío naval español. La batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805), “el último gran combate naval a vela y uno de los más sangrientos”, en palabras de nuestro colaborador Marcelino González, constituyó la principal derrota de nuestra Armada, si bien tampoco fue la ruina absoluta. Tuvo lugar durante las guerras napoleónicas, cuando España apoyaba a Francia y Reino Unido lanzó una ofensiva encaminada a derrotar al emperador francés y sus aliados.

Por parte británica, el gran protagonista de la batalla fue el almirante Nelson, Comandante en Jefe de la flota británica, que falleció por las heridas recibidas en el curso del combate, y, por el lado español, Federico Gravina, Capitán general de la Armada. La flota franco-española sufrió una abrumadora derrota: el comandante francés Villeneuve fue capturado por los ingleses, mientras que Gravina consiguió escapar, pero murió a los pocos meses por las heridas sufridas. Según diversas fuentes, el número de bajas en la flota combinada ascendió a 6.000, entre ellos algunos de nuestros marinos más insignes, y se destruyeron 23 navíos aliados, diez de ellos españoles; en tanto que los británicos sufrieron unas 3.000 bajas y salvaron buena parte de su flota.

Y si el siglo XIX se inició con una derrota sin paliativos, no terminó de mejor manera. En 1898, Estados Unidos declaró la guerra a España a cuenta de Cuba, con la esperanza de minar un imperio ya en franca decadencia.

En esta ocasión, la Armada española estaba mal preparada y la voluntad política del país, dirigida por un indeciso Sagasta, no ayudó al buen resultado de la guerra. La incipiente Armada estadounidense mostró, en cambio, una gran agilidad, consiguiendo dos importantes victorias: una en la batalla de Cavite (Filipinas) y otra en Santiago de Cuba, cuando la flota española se vio obligada a escapar a mar abierto.

Una vez dado el golpe de gracia a la Armada española, los estadounidenses iniciaron una ofensiva terrestre en Puerto Rico, con lo que el Imperio español sufrió una notable merma en su extensión, y en la hegemonía que un tiempo atrás había perdido ya en los mares.

Fuente:

  • http://www.historiadeiberiavieja.com/pda/noticia.asp?pg=1&s=0

jueves, 5 de septiembre de 2013

Así construyó Peral su submarino, by El Mundo.

Ahora sabemos que Isaac Peral adquirió lo último en tecnología de su época, y donde ésta no llegaba, la perfeccionaba o inventaba...Leer más en El Mundo

martes, 3 de septiembre de 2013

DEL REPÚBLICA AL NAVARRA: HISTORIA DE UNA TRANSFORMACIÓN, By Foro Naval

Fue en el año 1914 cuando el vicealmirante Augusto Miranda, ministro de Marina presentó un programa naval que en principio preveía la construcción de un acorazado de 20.000 toneladas y que luego quedó en un crucero para misiones de exploración y apoyo, mostrar el pabellón y actuar como buque de representación...Leer más en Foro Naval

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sangre y cañón. Diez batallas navales que enfrentaron a españoles e ingleses, by ABC

Ya sea venciendo o sufriendo estrepitosas derrotas como la de Trafalgar, la armada de nuestro país lleva cientos de años enfrentándose a la Royal Navy... Leer más en ABC

domingo, 1 de septiembre de 2013

El general Luis Lacy y Gautier, by Manu Militari.

Sexta entrada del colaborador de Manu Militari Josep María Osma Bosch sobre el general liberal del Ejército Español de origen francoirlandés Luis Lacy y Gautier, que desertó del Ejército Napoleónico (en el que se refugió por problemas en España) para unirse a las filas ibéricas en la Guerra de la Independencia. Un personaje peculiar y muy interesante de esos que solemos olvidar los españoles pese a que les debemos mucho más de lo que creemos al luchar contra el rey Felón Fernando VII. Y valiente como pocos; el tío ordenó disparar a su propio pelotón de ejecución nada menos...Leer más en Manu Militari