jueves, 31 de octubre de 2013

Especial Hallowen. El USS Forrestal



USS FORRESTAL: HISTORIA


El Forrestal, el primer superportaaviones de EE.UU., fue botado en diciembre de 1954 en Newport News, Virginia, y pasó a formar parte de la flota en 1955. Fue bautizado en honor de James Forrestal, el primer comandante de la Marina que llegó a ser primer secretario de Defensa del país, y la primera persona con este cargo en suicidarse, en 1949. La nave fue retirada del servicio en 1993.

El portaaviones fue la cabeza de serie del proyecto según el cual más tarde fueron construidos tres portaaviones más: el Saratoga (dado de baja en 1994), el Ranger (retirado en 1993) y el Independence (dado de baja en 1998). El Forrestal destacó por ser un caso de mala suerte dentro de la US Navy, y de hecho se le conoció de manera informal en la flota también como 'Zippo', 'Forrest Fire' o 'Firestal' a causa de la propensión manifestada a sufrir incendios a bordo, destacando el que tuvo lugar en la nave en plena ofensiva de su grupo de combate en la guerra de Vietnam, que provocó la detonación de varias municiones y en el cual 134 marineros murieron y 64 resultaron heridos.

Uno de los sucesos más terribles y devastadores a bordo de un buque de guerra, aparte de sus acciones de combate para las que fue concebido, es un incendio en alta mar. Si además es un portaaviones con enormes depósitos de combustible, municiones y todo tipo de sustancias altamente peligrosas almacenadas junto a aviones de combate y en general, un montón de aparatos con tendencia natural a la deflagración, podemos alcanzar a imaginar la magnitud de la tragedia.

Eso es lo que le ocurrió El 29 de julio de 1967 al portaaviones USS Forrestal, cuando se hallaba en Yankee Station, en el Golfo de Tonkín, llevando a cabo operaciones de combate contra Vietnam del Norte. La dotación aérea de la nave estaba compuesta principalmente por aviones de ataque ligero A4 skyhawk, cazas F4 Phantom II y aviones de reconocimiento RA5 Vigilante.

Sobre las 10:50 de la mañana, ya se había lanzado una primera oleada de aviones de ataque y se estaban preparando y cargando los aviones para la segunda, situados en la cubierta de vuelo, a popa. Fue entonces cuando un cohete no guiado Mk 32 "Zuni", de 127 mm, se disparó accidentalmente de un F4 Phantom II al producirse una sobrecarga eléctrica cuando se pasó de suministro de energía externo al interno del avión. El cohete voló a través de la cubierta e impactó contra un A4 Skyhawk sin detonar, pero reventó el depósito de combustible del avión y lo incendió. Los aviones se encontraban aparcados pegados los unos a los otros, mientras eran cargados de bombas, muchas de las cuales eran antiguas bombas de composición B de 1000 libras que habían sido cargadas por una escasez de las más modernas mk 82 y tenían una temperatura límite de seguridad más baja, traspasada la cual la bomba reventaba. En ese avispero fue donde se produjo el incendio. Más tanques de combustible externos fueron detonando y añadiendo combustible, hasta que la primera de las bombas explosionó.

Esta primera detonación mató a casi todos los bomberos del destacamento de cubierta, por lo que las reacciones tuvieron bastante de improvisadas. El combustible ardiendo se filtró al hangar y a los compartimentos situados bajo la cubierta de vuelo. Por la ausencia de una grúa adecuada, muchos aviones tuvieron que ser lanzados al mar a mano, es decir, siendo empujados por los marineros por la borda, exponiéndose a las llamas, mientras los destructores de la escolta se aproximaban a menos de seis metros de la popa del coloso para colaborar en la extinción.

En total detonaron 9 bombas, que perforaron la cubierta blindada. 21 aviones fueron lanzados por la borda o resultaron tan dañados por la explosión que tuvieron que ser dados de baja. El incendio en cubierta se extinguió a las 12:45, aunque siguió rebrotando hasta que fue dado oficialmente como extinguido a las 4:00 horas de la mañana siguiente. 134 tripulantes murieron y otros 161 resultaron heridos, lo que sobrecargó la enfermería del buque, por lo que se dirigió escoltado por un destructor a reunirse con el buque hospital USS Repose.

El portaaviones fue reparado provisionalmente en Subic Bay, Filipinas, y posteriormente se trasladó al astillero naval de Norfolk. Estuvo 207 días sin navegar. Sin embargo, es destacable que pese a las repetidas explosiones y la seriedad del incendio declarado, en ningún momento se llegó a temer por la supervivencia del buque. El accidente sí que llevó a fijar nuevos protocolos de seguridad y medidas contraincendios, como aspersores automáticos de espuma antiincendios en la borda de la cubierta de vuelo.

Ha sido el accidente más grave sufrido por una unidad de la U.S. Navy desde la II Guerra Mundial.


USS FORRESTAL: LA LEYENDA


20 años después del incendio... nace la leyenda. Uno de los fallecidos aquel fatídico 29 de julio del año 1967, se convirtió en el legendario fantasma del portaaviones James V. Forrestal.

Tal vez, ni siquiera sabía que había muerto... O tal vez sí y no lo aceptaba, por eso su atormentado espíritu se había quedado atrapado en el buque. El caso es que la tripulación lo bautizó con el nombre de “George” y son innumerables las anécdotas que se cuentan sobre él. 


En cierta navegación, un cabo enloqueció al observar una mano chamuscada que se materializaba viéndose con claridad desde un mamparo...

Un bombero del portaaviones que estaba trabajando, lanzó sus herramientas sobre la cubierta y cuando se quiso dar cuanta, en cuestión de segundos, comprobó como misteriosamente alguien que allí no estaba, se las había colocado en orden y alineado perfectamente...

Un hostelero, encargado de la cocina, afirmó que nunca más volvería a bajar al congelador de los helados, porque unas luces parpadeantes, centelleantes y una supuesta mano invisible que se posó sobre su hombro lo habían amedrentado la última vez que lo había hecho...

Pero la más impactante es la anécdota de Steven Peretti, un técnico de caldera de tercera clase que tuvo el encuentro más directo con el fantasma de George, fue en el año 1990. El hombre, estaba en la sala de máquinas cuando de pronto escuchó el sonido de un goteo que parecía provenir desde uno de los rincones de la sala. Aquel goteo constante, le alertó y no dudó en levantarse de su asiento para acercarse a comprobar a qué se debía aquello. Lo que pudo observar, le dejó totalmente tieso...

Steven Peretti, vio con sus propios ojos como la manguera contra incendios se elevó sola desde la rejilla goteando agua. Uno de los bomberos de la tripulación que se encontraba en la sala de máquinas también fue testigo de tan misterioso suceso. Y no termina ahí la cosa, porque al mismo tiempo que la manguera se elevaba en el aire, un secador eléctrico que se hallaba sobre un lavabo de la sala, se activó solo. Los dos hombres al ver esto, rápidamente huyeron del lugar totalmente espantados y horrorizados.

Los escépticos aseguran que todo se debe a casualidades, simples accidentes o brotes de histeria colectiva provocados por las sugestión. Sugestión posiblemente influenciada por el pasado trágico del buque.

El portaaviones James V. Forrestal. Fue dado de baja en el año 1993, y la Marina de Guerra ofreció donarla como museo o monumento, pero ninguna organización manifestó interés en hacerse cargo del mantenimiento del gigante. El barco fue vendido recientemente como chatarra y por un precio simbólico a una empresa de Texas. “George” probablemente pueda descansar en paz...

Fuentes:


martes, 29 de octubre de 2013

Asedios, Cercos y Sitios de Gibraltar (IX). 1462, el octavo asedio

En el año 1462, bajo el reinado de Enrique IV, Castilla consigue por fin incorporar Gibraltar a sus dominios. Este hecho tiene gran repercusión en el mundo islámico, en tanto en cuanto ahonda profundamente en el declive del Islam en la península, jalonado de constantes derrotas militares ante los castellanos, lo que provoca una gran decepción generalizada, aderezada además por las constantes luchas internas que disolvían el reino sin remedio.



Desde el punto de vista cristiano, esta victoria está revestida de un gran simbolismo, pues esta plaza, como ya se ha visto en anteriores entradas, está repleta de efímeras victorias y sonadas derrotas, además de ser trágica protagonista de la muerte de Alfonso XI, víctima de la peste en el infructuoso  asedio de 1349-1350, o la de Don Enrique de Guzmán, segundo conde de Niebla, en el asedio de 1436.

Esta sonada y duradera victoria se consigue tras el que puede considerarse como el octavo gran asedio de Gibraltar.

En aquel momento, era alcaide de Tarifa Alonso de Arcos. Sin embargo la plaza era propiedad de Juan Alonso de Guzmán, conde de Niebla y Duque de Medina Sidonia, cuyo padre Enrique murió intentando conquistar Gibraltar en 1436.

En agosto de 1462, un habitante de la musulmana Gibraltar desertó a Tarifa, convirtiéndose al cristianismo. Este individuo informó al Gobernador de Tarifa, Alonso de Arcos, de la debilidad de las defensas de Gibraltar y por tanto de la oportunidad de apoderarse de la plaza, debido a la ausencia de tropas que habían partido a otros menesteres.

Un escéptico Alonso, quizás temiendo una trampa, envió una pequeña fuerza de reconocimiento para intentar verificar las afirmaciones del desertor . Los hombres de Alonso tomaron posiciones en las inmediaciones, y tras capturar a una patrulla árabe confirmaron la información del desertor. 

Comprendiendo la oportunidad que se presentaba y la premura de tiempo, Alonso solicitó refuerzos de las ciudades cristianas cercanas y de Juan Alonso de Guzmán , quien ya bloqueó el istmo en el séptimo sitio. Una vez reunida una fuerza suficiente de las poblaciones cristianas próximas, Alonso lanzó un asalto, lo que derivó en dos días de intensos combates, después de lo cual los musulmanes enviaron un emisario para ofrecer condiciones para la rendición.


Sin embargo, Alonso, estimó que no tenía la autoridad para aceptar la rendición, e informó a los asediados que deberían esperar la llegada de un noble de mayor rango, el Duque de Medina-Sidonia, o, en su defecto, el Conde de Arcos


Condado de Arcos

Sin embargo, en esas estaban las tropas cristianas, solo a falta de negociar las condiciones de la rendición, cuando se produce un incidente, y es que el contingente de Jerez aceptó la rendición por su cuenta, y ya estaban tomando posesión, cuando el contingente de Arcos, al mando de Rodrigo Ponce de Leon (hijo del conde de Arcos), alertado de esa situación, irrumpió a su vez en la ciudad, lo que reanudó las hostilidades con los musulmanes que buscaron refugio en el castillo. Éstos, viendo como se las gastaban los cristianos entre ellos, informaron a los asediadores que solo se rendirían ante el Duque de Medina Sidonia.




Ducado de
Medina Sidonia
Con Gibraltar virtualmente en manos cristianas, al incidente anterior se suma a su vez un altercado entre los de Guzmán y los de Rodrigo Ponce de Leon sobre el estandarte que se debía elevar por encima del castillo, argumentando los del conde de Arcos que ellos habían rendido la plaza, y los de Medina Sidonia que el castillo resistía y solo se rendiría ante ellos. Muy hispano todo.Finalmente se llegó a un acuerdo para que ambos estandartes realizasen la toma conjunta del castillo. Así se hizo en una ceremonia no exenta de tensión, pero mientras tanto las tropas del Duque de Medina Sidonia tomaron el control efectivo de todo el castillo. Los hombres de Ponce de León, tomando este acto como una traición sobre lo pactado, retiraron sus estandartes y abandonaron la roca dejándola de facto bajo el control del Duque.

De esta manera, el viernes 20 de agosto de 1462, entre discordias nobiliarias, Gibraltar retornó al dominio español, que no abandonaría hasta la conquista inglesa de 1704. También comenzaba así la larga y amarga enemistad de las casas de Arcos y Medina Sidonia.





Fuentes:


domingo, 27 de octubre de 2013

VIDEO NAVANTIA: LHD "Juan Carlos I" (L-61)

Arsenal de Cartagena (I). Historia: Antecedentes

Quart-Hadast. campamento
 y después ciudadela
Tanto la situación estratégica, como las particulares características geográficas del puerto de Cartagena, justifican el hecho de que este rincón del Mediterráneo haya sido frecuentado por diversos pueblos extranjeros a lo largo de su dilatada historia de 3500 años. Griegos, fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes gobernaron sus naves adentrándose en la abrigada dársena donde nos encontramos, para protegerse de temporales o para establecerse durante siglos con fines comerciales o de conquista.

El nombre actual de Cartagena, derivado de Quart Hadast, con el que fue bautizada por el cartaginés Asdrúbal en el año 227 a. de C., es el cuarto de los topónimos que ha tenido desde que se excavaran sus primeros cimientos. Así podemos decir que hoy, bajo la Cartagena que vemos, están las ruinas de Testa, de Teucria, de Mesenia y de Quart Hadast.

Quart-Hadast
Ante la presencia histórica de esos pueblos extranjeros que llegaron por el mar, y como consecuencia de ella, es comprensible que este puerto tenga una tradición marinera cuyos orígenes se remontan a tiempos pretéritos que han dejado huellas indelebles. Es, pues, admisible pensar que aparejada a esta tradición marinera naciese, con el correr del tiempo, una industria naval que cubriese las necesidades de los invasores que utilizaban esta dársena como apostadero, ya fuese para empalmar los cascos de sus buques, reparar sus jarcias y arboladura o incluso para construirlos.

De los trabajos de reparación quedó constancia toponímica en la orilla sur de la dársena, donde existe una zona aplacerada y al resguardo de cualquier viento, conocida con el nombre de "Espalmador".

En lo que a construcción naval se refiere, la primera noticia registrada en las crónicas escritas data del año 773, cuando los árabes, que entonces ocupaban esta plaza, construyeron tres embarcaciones para repeler los ataques de los musulmanes abásidas del Mogreb.

Reconstrucción de un dromón bizantino
Cabe significar que aquellas embarcaciones se construyeron tomando como modelo el “Dromón” de la Marina Bizantina, del que hizo traer varias unidades el Almirante árabe Teman Ben Alkama. El Dromón, aún siendo de grandes dimensiones, tenía mayor velocidad y maniobrabilidad que cualquier otro buque del mismo porte, y se adecuaba a las operaciones navales de cabotaje en la recortada costa del litoral mediterráneo donde los cambios de viento son tan frecuentes. El Dromón fue, por sus prestaciones el antecesor de la Galera mediterránea, de las que tantas se construyeron en este puerto.

De las expediciones navales que, con fines bélicos, se pertrecharon en esta dársena – apostadero, cabe citar, como de mayor relieve:

  • La que, en 1503, partió hacia la guerra de Nápoles bajo el mando de Luis Portocarrero.
  • La del Cardenal Cisneros, en 1509, contra Orán.
  • La enviada, a las órdenes de Francisco de Mendoza, contra Argel, en 1563.
  • La Armada por Felipe II, en 1552, contra los Turcos y Sarracenos.

Hasta aquí se extiende lo que podríamos denominar Prehistoria e Historia Antigua del Apostadero de Cartagena.


jueves, 10 de octubre de 2013

El asedio más largo de la Historia. Por Historias de la Historia, Javier Sanz.

Los que nacieron en el año 1648 en Candia (hoy Heraklion en la isla de Creta) no pudieron salir de las murallas de la ciudad hasta 1669: sufrieron el asedio más largo de la historia… 21 años.

Leer más en Historias de la Historia...

jueves, 3 de octubre de 2013

Las cuentas del Gran Capitán

Esta expresión es muy utilizaba por las gentes para referirse, de forma familiar y en sentido figurado, a las cuentas en donde figuran partidas exorbitantes, o a aquellas que están hechas de modo arbitrario y sin la debida justificación. Así suele expresarse quien encomienda a otro una labor de cierta importancia sin presupuesto ni ajuste previo, sin más aval en la justeza de los gastos que la confianza de serle conocido o la buena opinión que pudiera facilitarle una tercera persona, y luego se encuentra con la sorpresa de que el costo resultante ha rebasado sospechosamente con creces lo que en un inicio se tenía estimado de manera aproximada.

El dicho tiene como base histórica las tan discutidas cuentas que el general don Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), de sobrenombre ‘Gran Capitán’, presentó a los Reyes Católicos, después de haber conquistado para ellos Nápoles y Sicilia. La historia se desarrolló como sigue:

"Hasta que logró su unificación como país a mediados del s. XIX, la actual Italia era un mosaico de pequeños estados en continuas disensiones internas y sin capacidad defensiva. Aprovechando esta debilidad, el Reino de Aragón y la casa francesa de Anjou venían luchando desde el siglo XIII, disputándose la posesión de Nápoles y Sicilia, que habían constituido el llamado Reino Normando de las Dos Sicilias.

A finales del siglo XV, lo que en un principio era una rivalidad entre dos pequeños reinos, se convierte en problema y lucha, por el dominio de Italia, entre las dos potencias que, merced a sus políticas de unificación, habían constituido los reinos de España y Francia. Por esos años, los monarcas que se ven enfrentados son Fernando V de Aragón, casado de Isabel I de Castilla, y el rey francés Luis XII de Anjou.

El rey francés, tras haberse apoderado del Ducado de Milán, firmó con el Rey Católico el Tratado Secreto de Granada (1500), por el cual se repartían el Reino de las Dos Sicilias. Pero las desavenencias entre franceses y españoles, que se disputaban también algunos territorios centrales italianos, provocaron la guerra entre ambos países.

España puso al mando de sus tropas al Gran Capitán, quien, tras una lucha encarnizada, logró de manera consecutiva las victorias de Seminarata, Ceriñola y Garellano (1503), dando la victoria a España. El Reino de las Dos Sicilias pasó a formar parte de los dominios españoles, hasta los Tratados de Utrecht y Rastatt (1713 y 1714, respectivamente), que ponían fin a la Guerra de Sucesión española y sentaban a la casa de Borbón en el trono de España.

Concluida la campaña de Italia, los Reyes Católicos exigieron cuentas a su general, quizás imprudentemente y de forma inconveniente, y, aunque éste las rindió, es de suponer que González de Córdoba hubo de sentirse molesto por las maneras como se las habían exigido.

De todas las partidas que el Gran Capitán presentó a sus Reyes, las más conocidas y repetidas de todos son las siguientes:

  • Doscientos mil setecientos treinta y seis ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas.
  • Diez mil ducados en pólvora y balas.
  • Cien millones en palas, picos y azadones, para enterrar a los muertos del adversario.
  • Cien mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de sus enemigos tendidos en el campo de batalla.
  • Cincuenta mil ducados en aguardiente para las tropas, en días de combate.
  • Ciento sesenta mil ducados en poner y renovar campanas destruidas por el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo.
  • Millón y medio de ducados para mantener prisioneros y heridos.
  • Un millón en misas de gracia y tedéums al Todopoderoso.
  • Tres millones de ducados en sufragios por los muertos.
  • Siete mil cuatrocientos noventa y cuatro ducados en espías y escuchas.
  • Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey pedía cuentas al que le había regalado un reino".


Con respecto a la autenticidad de estas cuentas, Manuel José Quintana y Modesto Lafuente sostuvieron la autenticidad del hecho. Otros creen que son apócrifas y que su lenguaje no corresponde al que se usaba en tiempos de los Reyes Católicos, sino al de un siglo más tarde. Dicen que hubo, efectivamente, unas cuentas que rindió el Gran Capitán y que se tuvieron por excesivas, dando origen a la expresión proverbial. Pero, a su vez, afirman que las cuentas que corren por los libros como dadas por el Gran Capitán son falsas.

En El Averiguador Universal (tomo IV, pp. 227 a 258, correspondientes a los números 87 y 89 de 1882), aparecieron dos trabajos acerca de esto. En el segundo de ellos, un comunicante, que sólo firma con las abreviaturas J. C. G., cita, en apoyo de la autenticidad de las famosas cuentas, el testimonio de la Historia general del Mundo, del obispo italiano Paulo Jovio, personaje casi contemporáneo del Gran Capitán, en cuya obra, después de referir la llegada a Nápoles del Rey Católico, podemos leer lo siguiente:

«En estos días, pusiéronle demanda [a Gonzalo de Córdoba], diciendo que diese cuentas
de lo que había gastado en la guerra y de las rentas que habían entrado en su poder, porque, vistos los libros de lo recibido y gastado, había gran diferencia de lo uno a lo otro. Él dijo, severa y graciosamente: “Yo os mostraré un cartapacio mío más verdadero que todos esos libros públicos, y veréis que he gastado más de lo que he recibido; y yo os juro que por pleito lo tengo de cobrar”. Y otro día sacó un libro pequeño con un título muy autorizado, y, abriendo la primera hoja, decía encima: “Cuenta del gasto, y luego un partido decía: Di a pobres y monjas y abades de buena vida doscientos mil y setecientos y treinta y seis ducados, y nueve reales, porque rogasen a Dios que nos diese victoria. Y luego, el segundo partido decía: Di seiscientos mil y cuatrocientos y noventa y cuatro ducados a las espías por cuyo aviso se ganaron muchas victorias, y el señorío del Reino, y díselos secreto de mi mano a la suya”. Mandó el rey que no se hablase más de ello, y ratificando todo lo que había hecho, determinó traerlo consigo a España».

Hasta aquí la cita de J. C. G., quien afirma haberse servido de una traducción española de la obra de Paulo Jovio que hizo posteriormente, en 1566, Gaspar de Baeza (1.ª parte, folio 68, edición de Granada). No hay más datos históricos que avalen la veracidad de lo que bien podría ser tan sólo una anecdótica falacia.